.jpg)
Si alguna vez has pensado “¿para qué ir a terapia si nada de lo que me pasa va a cambiar?”, no es raro. Cuando llevas tiempo sufriendo, es lógico sentir escepticismo. La terapia no borra el pasado, no controla a tu jefe ni convierte a tu familia en otra, y tampoco elimina de un plumazo la ansiedad o la tristeza. Lo que sí hace —y aquí está su fuerza— es darte herramientas.

Sí. Igual que aprendes a conducir o a cocinar, puedes entrenar cómo te relacionas. A muchos jóvenes les cuesta relacionarse y pueden llegar a sentir incluso miedo. Expresar lo que sienten, iniciar una conversación, hacer una broma, pedir ayuda, decir que no o reparar un conflicto no son dones innatos: son habilidades sociales que se aprenden y se practican.

¿Tu hijo moja la cama con frecuencia? No es un fallo, no es un retroceso y no es un gesto voluntario. El pipí en la cama, conocido clínicamente como enuresis infantil, es un síntoma frecuente y, en la mayoría de los casos, tratables.