Si alguna vez has dicho “sí” mientras tu cuerpo gritaba “no”, este artículo es para ti. Aprender a poner límites no es egoísta: es cuidarte, respetarte y relacionarte mejor.
Como psicóloga sanitaria en Murcia, acompaño a muchas personas que sienten dificultad para decir “no” y poner límites, ya sea en el trabajo, la familia o la vida social.
Decir que no parece sencillo… hasta que te toca. Muchas personas dicen “sí” por reflejo, aunque estén cansadas, no les apetezca o implique dejarse para el final. No es un defecto de carácter: suele ser la combinación de aprendizajes tempranos (“ser buena persona es complacer”), miedo al rechazo y dificultad para tolerar el malestar que genera un conflicto.
“Decir no no te hace egoísta: te hace alguien que se respeta, se cuida y se escucha.”
Aceptar tareas o favores por impulso puede venir de:
El resultado: acumulación de tareas, estrés, resentimiento silencioso y poco espacio para tus prioridades.
La culpa aparece cuando tu mente confunde ayuda con disponibilidad infinita. Si dices “no” y escuchas pensamientos como “qué mala soy” o “les he fallado”, es normal que quieras deshacer tu límite.
La solución: reeducar tu diálogo interno:
Si te escuchas poco, te sientes atrapado/a en el “sí” aunque te haga daño, o la culpa te desborda después de cada límite, trabajarlo en terapia puede ser un atajo. Entrenas habilidades asertivas, regulas la ansiedad del conflicto y modificas creencias que te empujan a complacer.
En Garner Psicólogos (Murcia) te ayudamos a construir un “no” sereno y respetuoso, cuidando tu bienestar y tus relaciones. Diseñamos contigo herramientas prácticas para decir “no” con claridad y seguridad.
Empieza a poner límites hoy y cuida tu salud emocional.
.jpg)
Queremos verte bien, feliz y te contamos algunos consejos para tu camino al bienestar.
.jpg)
Si alguna vez has pensado “¿para qué ir a terapia si nada de lo que me pasa va a cambiar?”, no es raro. Cuando llevas tiempo sufriendo, es lógico sentir escepticismo. La terapia no borra el pasado, no controla a tu jefe ni convierte a tu familia en otra, y tampoco elimina de un plumazo la ansiedad o la tristeza. Lo que sí hace —y aquí está su fuerza— es darte herramientas.

Sí. Igual que aprendes a conducir o a cocinar, puedes entrenar cómo te relacionas. A muchos jóvenes les cuesta relacionarse y pueden llegar a sentir incluso miedo. Expresar lo que sienten, iniciar una conversación, hacer una broma, pedir ayuda, decir que no o reparar un conflicto no son dones innatos: son habilidades sociales que se aprenden y se practican.

¿Tu hijo moja la cama con frecuencia? No es un fallo, no es un retroceso y no es un gesto voluntario. El pipí en la cama, conocido clínicamente como enuresis infantil, es un síntoma frecuente y, en la mayoría de los casos, tratables.